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¿Quiénes son los ladrones?

Actualizado: hace 1 día




La corrupción es una práctica común entre algunos funcionarios públicos en todo el mundo. La encontramos a lo largo de la historia, pues desde la antigua Roma el trabajo de los más servía para enriquecer a los menos. Desde entonces existían el favoritismo, el tráfico de influencias, las extorsiones y la corrupción, desde los más simples funcionarios hasta el emperador.

En México tampoco es un problema nuevo: la historia del país está repleta de casos de corrupción de personas que se sirvieron del poder público para fines personales, como Antonio López de Santa Anna, con el aumento absurdo de impuestos, o Álvaro Obregón, quien caracterizó a la corrupción con sus “cañonazos de 50 mil pesos”. En esta década ha habido numerosos exgobernadores acusados de esta práctica, que ahora están bajo la mira. Por citar algunos: Roberto Sandoval Castañeda, en Nayarit; César Duarte, en Chihuahua, con daños al erario por 6 mil millones de pesos; Eugenio Hernández, en Tamaulipas, relacionado con nexos con el narcotráfico y lavado de dinero; Roberto Borge, en Quintana Roo; Tomás Yarrington, en Tamaulipas; Javier Duarte, en Veracruz, con un desvío de al menos 223 millones de pesos; Guillermo Padrés, en Sonora; Jesús Reyna García, en Michoacán; Andrés Granier, en Tabasco, por el desvío de 2 mil 600 millones de pesos del erario; y Rodrigo Medina de la Cruz, en Nuevo León, quien desvió casi 400 millones de pesos, entre muchos más.


El caso de corrupción más reciente se difundió en un video bajo el título de “El video de Emilio Lozoya”, donde aparecen colaboradores del gobernador de Querétaro, Francisco Domínguez Servién, y de ex senadores panistas recibiendo dinero, al parecer relacionado con sobornos para aprobar la reforma energética del sexenio de Enrique Peña Nieto. Parecía que lo hacían “por arte de birlibirloque” (con destreza, sutileza y con un plan elaborado), como pensaban todos los exgobernadores, pero fueron descubiertos. Este término fue utilizado por pillos a partir del siglo XVIII. Originalmente su significado era “ladrón que roba”; de ahí que se utilice birlar como sinónimo de robar.


Regresando a la antigua Roma, la Real Academia Española indica que latrocinare significaba servir en el ejército y que latro eran los soldados que realizaban labores de escolta del emperador, quienes custodiaban mercancías de valor. Algunos de estos servidores públicos robaban las mercancías que vigilaban y, con el tiempo, a aquel que robaba se le comenzó a llamar latro o latronis, lo que terminó en el vocablo ladrón que hoy en día conocemos.


La corrupción de funcionarios va desde recibir suculentos sobornos hasta ocultar cuentas bancarias, desviar dinero y robar del erario. Ello ha afectado negativamente el desarrollo económico, social y político de nuestro país. Es así como hay gobiernos que se han ganado la reputación de “corruptos”, lo que dificulta generar confianza en la sociedad y en los inversionistas. Hay quienes sugieren que los funcionarios públicos merecen ser llamados ladrones y, etimológicamente, tienen razón. La historia debería comenzar a cambiar y, con ella, la etimología de las palabras.


La RAE indica que latrocinare significaba servir en el ejército y que latro eran los soldados que realizaban labores de escolta del emperador, quienes custodiaban mercancías de valor. Algunos de estos servidores públicos robaban las mercancías que vigilaban y, con el tiempo, a aquel que robaba se le comenzó a llamar latro o latronis, lo que terminó en el vocablo ladrón que hoy en día conocemos.

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