Hablando de fútbol
- Flor Yanez
- 19 ene 2021
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 1 mar
El fútbol da permiso de desinhibirse y llorar, besarse, acariciarse y abrazarse entre los miembros del equipo, permitiéndolo casi todo.

Hace algunos días acudí a la exposición de pintura “El misterio de la natividad”, en el Hotel Marriott Courtyard de Chihuahua, cuyo autor, Miguel Canseco, es gran amigo mío. Su propuesta incorpora símbolos medievales y renacentistas sobre imágenes conocidas como la Sagrada Familia, los Reyes Magos, Cristo y el Niño Dios, entre otras, pero, sobre todo, pretende cristalizar el amor y la fe, que es la parte más tierna e imprescindible para las personas. El artista encierra vastos símbolos católicos en su obra y busca acercar a las personas a la historia bíblica y a Dios desde la simbología estudiada en la Biblia Pauperum medieval. A través de su trabajo muestra la magia encerrada en siglos de historia que realzaban lo milagroso en lo simple.
Ese día coincidió con el juego de fútbol entre el América y Chivas, cuyo partido fue transmitido casi simultáneamente a la inauguración de la exposición en las pantallas del lobby del hotel. Pareciera que la exaltación por el fútbol no pudo esperar para varios hombres y, antes de finalizar el evento, ineludiblemente algunos se apresuraron a llegar a la sala lounge para observar el resto del partido, cuyo resultado, después de gritos y brincos de agitación y desconcierto, fue 0–0. Parecía que habíamos pasado de un evento que representaba a Dios y la fe de una religión a través de la pintura, a otro evento “religioso”, con muchos fanáticos envueltos en la fe de la pelota y otros símbolos como rayas en las playeras, banderas, silbatos y demás rituales. Desde que era chica observaba la pasión con la que mi padre veía los partidos en el televisor y cómo se transformaba en un espectáculo cada vez que su equipo favorito anotaba gol. Mi padre fue un excelso y reconocido abogado a quien admiré profundamente por su brillantez, y al observarlo “en trance” los fines de semana, pegado a la pantalla, entendí que no se trataba de un asunto banal, sino de un escenario místico que volvía omnipotentes los domingos para echar la razón por la ventana, despertando comportamientos pasionales desconocidos a causa de la magia de ese deporte.
El fútbol se considera uno de los deportes más populares en el mundo, que genera una fuerte energía, y es ahí donde las emociones de los hombres se desbordan, permitiendo comportamientos que fuera de la cancha serían inaceptables para la sociedad. Da permiso de desinhibirse y llorar, besarse, acariciarse y abrazarse entre los miembros del equipo, permitiéndolo casi todo. Miguel también es aficionado al fútbol y, en una ocasión, comentó el gusto que tenía por un libro titulado “El fútbol a sol y sombra” de Eduardo Galeano, que esperaba algún día yo leyera para entender su gusto por ese deporte, mismo que recientemente llegó a mis manos. El balompié, como otros lo conocen también, es de origen chino, cuya costumbre de patear una pelota pasó de dinastía en dinastía. También se practicó en Japón, Egipto y la antigua Roma. En Inglaterra se condenó el juego en 1314, ya que no había un límite en los jugadores ni de tiempo, lo que dejaba muchos heridos. En 1846, la Universidad de Cambridge estableció las reglas, mismas que se fueron ajustando con el tiempo.
Galeano menciona que el fútbol y Dios se parecen, por la devoción que les tienen muchos creyentes y por la desconfianza que les tienen muchos intelectuales, dado que la pelota es la superstición que el pueblo merece. “El instinto animal se impone a la razón humana, la ignorancia aplasta a la cultura y así la chusma obtiene lo que quiere. Castra a las masas y los obreros atrofian su conciencia y se dejan llevar como un rebaño por sus enemigos de clase”. Lo describe como un ritual de sublimación de la guerra, donde once hombres exorcizan los demonios de la multitud y le confirman la fe. En cada partido, viejos odios y amores heredados generacionalmente entran en combate.
Cada vez que se acude a un estadio se observa un fenómeno social muy interesante, pues se logran reproducir desequilibrios entre las fuerzas en la lucha por el poder, que se torna en guerra y produce la dinámica: uno se debe imponer sobre otro. Y así como sucede en la cancha, sucede en la sociedad también. Algunos autores relacionan el fútbol como el reflejo del pueblo, pues lo que ocurre en la cancha sucede también en la mente de los aficionados.
Igualmente con la política, ya que: “El redimirse de los políticos se podría comparar con el de los jugadores de la selección nacional; la gente que los ha llevado ahí, la gente que los ha apoyado y espera de ellos, es más entregada y generosa que lo que ellos hacen”. Definitivamente, el fútbol es un deporte que mueve muchas pasiones, personas, dinero y al mundo entero. Algunos lo consideran una nueva religión, con mucho simbolismo, reflejo de la dinámica de las relaciones sociales, políticas y económicas. Espero entender un poco más a mi padre y a Miguel en este camino de fanatismo, pasión y frenesí que atrapan momentos y que a veces los transforman en verdaderos campos de batalla.
Galeano menciona que el fútbol y Dios se parecen, por la devoción que les tienen muchos creyentes y por la desconfianza que les tienen muchos intelectuales, dado que la pelota es la superstición que el pueblo merece.



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