¿Y las brujas?
- Flor Yanez
- 12 jun 2022
- 3 Min. de lectura
Durante cientos de años, algunas mujeres fueron acusadas de tener pacto con el diablo, practicar hechizos y actos sobrenaturales, es decir, brujería. Se les identificó con gatos negros, verrugas, escobas, matar infantes y beber sangre. Fueron un ícono de maldad y terror, por tanto, peligrosas para la sociedad. Los siglos XVI y XVII principalmente en Europa y Estados Unidos, se caracterizaron por las cacerías de brujas, y se estima que millones de mujeres durante esa época fueron violadas, mutiladas, enjuiciadas, quemadas y ahorcadas. María Mies califica estos hechos como "el feminicidio institucionalizado más grande de la historia", que originó un genocidio que de alguna manera perdura hasta nuestros días. Muchas de esas mujeres eran sabias, vanguardistas, controversiales, valientes, sensibles e independientes; pasaron tergiversadas por los siglos subsiguientes como una aberración, creándose supersticiones rurales y religiosas entorno a ellas. La historia, en su mayoría escrita por hombres, se ha encargado de trivializar su eliminación en la hoguera, por lo que poco conocemos sobre quiénes fueron y por qué las mataron.
Desde el Código de Hammurabi de Babilona y el Antiguo Egipto se castigaba la magia negra. En el Éxodo 22:18 de la Biblia leemos: “Los magos no los dejarás vivir”; posteriormente Lutero corrigió el texto por “Las magas no las dejarás vivir”, y por cierto, a los Reyes Magos nunca se les consideró hechiceros o brujos, sino sabios y científicos pese a que practicaban la astrología, misma que aún no es considerada como a ciencia. Se dice que muchos de los grandes cazadores de brujas no fueron motivados por un fanatismo religioso, y que personajes como Jean Bodin, Adam Smith, Shakespeare y Thomas Hobbes de alguna manera apoyaron su caza. Hobbes en el Leviatán puntualiza: “por lo que respecta a las brujas, no creo que su brujería constituya ningún poder real; pero aún así es justo que se les castigue por la falsa creencia de que pueden producir tal maleficio”
La bruja más antigua es Alice Kyteler. Fue una mujer bonita, poderosa, independiente y sofisticada (cosa extraña para su época) que arrastró la fama de manipular a los hombres para satisfacer sus antojos; Juana de Arco encabezó a los 17 años el ejército real francés y convenció a Carlos VII de expulsar a los ingleses de Francia en el sitio de Orleáns, consagrándose el delfín como Rey. Fue muerta a la pira. El argumento por la iglesia fue que vestía como hombre, abandonó a sus padres y que las voces que decía oír eran demoniacas.; Margaret Jones fue médica y la primera persona ejecutada por brujería en Massachusetts; se le consideró bruja tras la muerte de varios de sus pacientes. Se dice que en realidad las medicinas que usaba eran muy adelantadas a la época, y sus pacientes se negaban a tomarlas; Ana Bolena fue esposa de Enrique VIII. Ante la imposibilidad de tener un hijo varón, la acusó de brujería y fue condenada a muerte por adulterio y hechicería; Las brujas de Salem es uno de los juicios más famosos en Estados Unidos. Las acusadas se salían de los convencionalismos exigidos por la época, por tanto eran consideradas una mancha para la sociedad. Se dice que el pan de centeno que consumían era lo que les provocaba epilepsia.
Silvia Feredici, autora del libro “Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria” expone las razones políticas y económicas que se ocultaron tras la persecución de las brujas, e indica que es un acontecimiento importante del desarrollo de la sociedad capitalista y formación del proletariado moderno. Refuta la teoría de la acumulación primitiva de Karl Marx, argumentando que una característica fundamental del capitalismo es el trabajo reproductivo y no remunerado de las mujeres. Se centra en la violenta transición del feudalismo al capitalismo que forjó la división sexual del trabajo. Grupos feministas reconocieron rápidamente que las mujeres no pudieron haber sido masacradas de no haber sido porque planteaban un desafío a la estructura de poder, y que lo que puso fin a la aniquilación del mundo de las brujas, fue la imposición de una disciplina social que el sistema capitalista triunfante requería. Uno de esos grupos fue “W.I.T.C.H” en Nueva York, que en inglés componen la palabra bruja. Homenajeaban a las hermanas brujas perseguidas desde la edad Media. Decían que cualquiera podía convertirse en una repitiendo tres veces la frase “Soy una bruja”. Lo cierto es que el genocidio continúa. Muchas “brujas de la modernidad” se han caracterizado por romper los cánones que la sociedad espera. Son mujeres brillantes, excepcionales e inteligentes; ahora no las mandan a la pira, las ofrendan al escrutinio público y las queman socialmente que muchas veces es más peligroso.
Comentarios