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La tranquilidad de bucear entre tiburones

Al finalizar algunas conferencias menciono esa experiencia compartiendo que quizá esa la actividad menos peligrosas que he realizado en mi vida, pues la conclusión fue que “a veces resulta más seguro bucear entre tiburones, que andar entre personas”.

Por varios años he estudiado y trabajado en materia de resolución de conflictos, derechos humanos, diálogo, género y paz, lo que me ha permitido ubicarme en variasregiones del mundo tratando de lograr una transformación social positiva.He observado inequidades de genero, violencia contra la mujer en lugares donde por ejemplo no se entiende lo que es una violación por creer que es normal,muertes, severas violaciones a derechos humanos aplastando la dignidad humana; discriminación por raza, nacionalidad, religión y preferencias sexuales; pobreza extrema, mortalidad infantil y muchas otras divisiones en una sociedad.


En mis viajes no todo ha sido trabajo y estudio, también he tenido aventuras, pues incluso las personas “pacifistas” sabemos divertirnos. Por ejemplo, una actividad famosa que realicé en Fiji mientras colaboraba con la ONU fue bucear con tiburones a mar abierto. En mis ratos libres tomé una certificación internacional en buceo, y a través de la agencia Benqabuceé entre docenas de más de ochodiferentes especies de tiburones que convergen a distintas profundidades, convirtiéndolo un spot internacional para profesionales de ese deporte extremo.


Éramos veinte buzos que estaríamos a más de treinta metros de profundidad en el mar sin jaulas o protección alguna; solamente el instructor portaba una vara de metal para alejar a los animales que se acercasen demasiado a nosotros. Hubo gente que no se atrevió a bajar por la intimidación y miedo que provocóobservar a las fieras desde la superficie dada su imprevisibilidad. Las reglas eran estrictas, desde la vestimenta, hasta revisar constantemente los niveles de seguridad del equipo como: nivel de oxígeno, regulador, tiempo, profundidad, presión, y señales para comunicarse. Una vez abajo se debe estarpreparado para cualquier incidente que ocurra, donde es responsabilidad de cada persona corregirlo por el riesgo que conlleva la actividad.


Tiburones comenzaron a irrumpir entre enormes bancos de peces de colores, dispersándolos como fuegos artificiales tal juego mágico donde impusieron autoridad y poder sobre cualquier creatura en el mar. A pocos metros de distancia observé desde tiburones de arrecife de punta banca y negra de 1,6 metros de longitud, hasta tiburones toro y tigre que alcanzaron los 4 metros. Algunos nadaron tan cerca que pude haberlos tocado, lo cual, aunque fue tentador, hubiese sido una locura. La escena fue digna de quitarme el aliento, pero recordé la primera regla de buceo de jamás dejar de respirar o contener el aliento, pues los pulmones se pueden dañar. Rodeada de esos peces versátiles de dientes afilados miré mis manos y por primera vez entendí el sentimiento más puro de vivir el momento presente; es decir, el aquí y ahora, y me entregué a la experiencia como si no hubiese otro minuto más en el reloj. Era aventurado decir que todo era seguro y que ninguno de esos peces carnívoros me tomaría de desayuno; y aunque tuve percances técnicos, los pude resolver sin mayor inconveniente hasta que regresé a la superficie. Fue una vivencia extraordinaria que deseo repetir, que me dejó mucho aprendizaje sobre la vida marina y me instauró en reflexión sobre la humanidad.


Ahora al finalizar algunas conferencias menciono esa experiencia diciendoque quizá esa la actividad menos peligrosas que he realizado en mi vida, pues mi conclusión fue que “en veces resulta más seguro bucear entre tiburones, que andar entre personas”. Y es que es más seguro eso que vivir en países como Siria donde miles mueren diariamente a causa de conflictos; o declarar abiertamente que se tiene la intención de contraer matrimonio con una persona del mismo sexo y adoptar infantes; o trabajar en un organismo de gobierno donde se hostigan sexualmente a mujeres y se les piden “favores sexuales” para ascender de puesto; o acudir a una institución educativa donde no hay barandales en el tercer piso del edificio con el riesgo de caer y morir; o ser una mujer en México con un alto porcentaje de ser violentada por el solo hecho de ser mujer; o vivir en pobreza extrema sin reconocimiento a la dignidad humana donde abunda la impunidad, abuso de autoridad y discriminación que afrontan grupos vulnerables y minorías en cada rincón del planeta.


Antes de Hobbes hacia el año 200 A.C. Pauto dijo: “Lobo es el hombre para el hombre, y no hombre, cuando desconoce quién es el otro” refiriéndose a los horrores de los que es capaz la humanidad para consigo misma. Ello es crítica de que debemos unirnos y trabajar más como sociedad y cambiar las causas estructurales inherentemente conflictivas que han originado tanto caos. Debemos respetarnos, reconocernos todas las personas como legítimas iguales en dignidad y derechos, y genuinamente abordar el proceso hacia una cultura de paz que inicie desde el individuo y se propague hacia toda la humanidad, para que “sea menos peligroso andar entre personas que entre tiburones”.


Rodeada de esos peces versátiles de dientes afilados miré mis manos y por primera vez entendí el sentimiento más puro de vivir el momento presente; es decir, el aquí y ahora, y me entregué a la experiencia como si no hubiese otro minuto más en el reloj.



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