Porque sólo nos queda reír.
- Flor Yanez
- 12 jun 2022
- 3 Min. de lectura
El humor y una buena burla son parte de la idiosincrasia mexicana, así como también lo es en un proceso electoral. Comenta una buena amiga que para insultar o despreciar a alguien o algo debes usar la diplomacia, definida por ella como el arte y la ciencia de mandar a la “fregada” a otra persona de tal manera, que quede encantada hacia el viaje de la mofa encubierta. Recomienda utilizar en un lenguaje especializado auxiliado del origen y etimologías de las palabras, para suavizar el tono de la ofensa, con el propósito de embelesar a la persona y desviar su atención hacia otros ángulos del texto; consigue satíricamente dar su punto de vista de manera agraciada sin ser tan “ofensiva”. Al final todos ganan algo, ya sea cultura, una buena risa, introducir un tema difícil de tocar, un “jalón de orejas” o quizá una profunda reflexión.
La política de acuerdo con la Real Academia de la Lengua Española, es el arte de ejercer el poder público, de gobernar y de ocuparse de los asuntos públicos en general. En las democracias, los ciudadanos ejercemos nuestro voto para elegir a nuestros representantes, tal como lo hicimos este seis de junio. Al respecto, ¡qué dicha que llegamos al siete sin mayores incidentes y en aparente paz! La política ya se definía desde 1265 como “ciencia del gobierno de los Estados”. Gozaba de buena reputación y prestigio, pero ahora, pareciera es una debacle a la democracia. Esta palabra ingresó al castellano gracias a la traducción de la novela de Émile Zola “La débâcle”, publicada en 1892. El argumento se sitúa en el contexto de los acontecimientos políticos y militares que acabaron con el Segundo Imperio de Napoleón III. El vocablo se refería inicialmente a la ruptura de una traba (bâcle) de una puerta y con Zola en “Germinal” y en “La débâcle”, se definió como derrota militar o desastre político-social. Es decir, un derrumbe y un desastre. Al final de la contienda los “perdedores” se enfurruñan por la derrota, se tornan coléricos, se enfadan y gruñen irritados contra los vencedores. Su cara se estropea por el malhumor, palabra proveniente del francés froigne.
La política se ha convertido en un mitridatismo. En biología este termino significa la resistencia a los efectos de un veneno administrados en dosis pequeñas e “inofensivas” que, aplicados de manera prolongada y progresiva, causa tolerancia a ella. Esta palabra procede del nombre de Mitrídates VI, también conocido como Eupátor Dionysius. A los trece años sucedió a su padre como rey del Ponto. Para escapar de las constantes conspiraciones, se habituó a ingerir veneno en pequeñas dosis, con el fin de acostumbrar a su cuerpo e inmunizarlo. El problema fue cuando quiso suicidarse y no pudo por haber desarrollado tolerancia a la sustancia entonces, tuvo que ordenar que le matasen. Hemos aprendido a tolerar el veneno de la deformada política y con tristeza, nos aguatamos con elegir “democráticamente” al o la menos peor de los candidatos, y no por el mejor. Dicen que lo que no te mata te hace más fuerte, entones si no te mata, a lo menos quedas atarantado. Las tarántulas fueron la primera arma biológica de la historia. Cuando este insecto picaba a una persona, le producía desorientación y por el nombre de la araña, se le llamó atarantar. Estas elecciones tuvimos a un grupo selecto de mequetrefes “sujetos entrometidos e inútiles” queriendo llegar al poder. Elvocablo es de origen portugués compuesta por meco “libertino”, proveniente del latín moechus “adúltero” y trefe “travieso”, procedente del hebreo “carne echada a perder”. Se acabaron las promesas para los vencedores y comienza el trabajo arduo de aterrizar sus propuestas. Estamos inmersos en teatro de lo absurdo (una obra de orígen estadounidense sin explicación lógica y sin sentido). La historia nos ilustra, pero el tiempo, se encarga de deformar su significado. Estamos amortiguando, vocablo proveniente de “mortis” que significa resistiendo la caída la muerte. ¿En qué momento nos fuimos por la borda? En fin, cuando no se pueda llorar, reír y aprender de la etimología de las palabras es mejor.
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