Camino hacia los estudios de paz
Fue cuando viví en Japón a los 18 años que nació mi interés por estudiarla paz. Un país que fue devastado por las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki durante de la II Guerra Mundial, se reconstruyó renunciando soberanamente a la guerra y a la violencia como medio de resolver disputas internacionales. Es una sociedad homogénea donde los conflictos se resuelven de manera pacífica entre las personas. Estar en ese país es respirar paz, emoción difícil de entonar en otros lugares. Por las tardes acudía a la librería pública a leer la Autobiografía de Gandhi; descubrí la No Violencia y quedé profundamente inspirada por sus palabras. Regresé a México para estudiar derecho. Supe que sería difícil aprender a soluciona conflictos de manera pacífica en la universidad, ya que la cultura es de competencia. En un juicio una persona gana y la otra, necesariamente pierde. Las diferencias culturales entre Japón y México eran abismales. Fue entonces que decidí adentrarme en el estudio de los derechos humanos. En el tercer año de la licenciatura, obtuve una beca para estudiar ciencias políticas y derechos humanos por un año en la Universidad de Concordia en Montreál, Canadá. Sólo contaba con la beca académica, por lo que necesitaba asegurar dinero para sobrevivir. Mi primer trabajo fue en una fábrica de ropa como trabajadora ilegal por no contar visa para trabajo, sólo para estudiar. Mis compañeras eran refugiadas y migrantes ilegales en su mayoría. Por diez horas me sentaba en una máquina para coser ropa. Mi trabajo consistía en ensamblar las mangas de las blusas y preparar los botones. Era irónico que en una prestigiada universidad estudiara derechos humanos por la mañana y por la tarde, en el trabajo, me violaran los mismos derechos. Escuché un sin fin de historias de migrantes centroamericanas, de violencia y pobreza que vivían aún en Canadá. Un día nos quisieron retener para trabajar la noche entera sin paga. En ese momento me enfrenté al jefe, hice que nos pagaran, por lo menos la mitad del sueldo y en ese instante, renuncié. Entendí lo difícil
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Vivir en Guerrero trabajando como defensora penal implicó un riesgo para mi seguridad personal. Al los meses comencé a recibir llamadas de dentro de la penitenciaría e incluso, recibí amenazas y fui perseguida en carretera. Fue cuando conseguí un cambio a la capital dentro de la defensoría civil y familiar. Coincidió en que la directora creaba la primera unidad de mediación en el estado dentro de la defensoría y fui invitada a colaborar con ella. Fue cuando descubrí los Medios Alternos de Resolución de Conflictos. Una tarde recibí un correo con información sobre las becas Peace Fellowship de Rotario y recordé a la coordinadora del grupo de intercambio a la India. La contacté, le platiqué mi intención de participar y dijo: Nadie en México la ha ganado, menos en este distrito, pero quiero apoyarte. Son diez personas en el mundo por año, es difícil. No te apures, yo misma endoso tu solicitud a través de mi club, el resto de las firmas y entrevistas nacionales te corresponden a ti y la selección final la hacen en Estados Unidos Después de meses de arduo trabajo, recibí un correo de aceptación. Mi vida volvió a cambiar. Renuncié a gobierno, empaqué mis maletas y me fui a vivir a Inglaterra. De ahí el destino me llevó a África, Asia, Oceanía, Europa y América realizando investigaciones respecto a la construccón de paz y resolución de conflictos.